Las capas de la cebolla en la creación de mundos

Cuando te embarcas en la aventura de crear un mundo, puedes considerar muchas formas de crear el mundo, casi tantas como formas de tomar las decisiones.

Puede ser un tanto lioso o incluso impresionante todo el trabajo que hay que hacer, comenzando por la decisión de qué tipo de worldbuilding quieres hacer.

Y una vez que has decidido una creación completa o hard worldbuilding, toca pensar cómo enfocarlo, cómo organizarlo o estructurarlo y en esta entrada voy a presentar dos formas de hacerlo.

 

¿Por dónde empiezo?

A no ser que tengas clarísimo que quieres una ciudad en un estuario cercano a un atolón y con dos volcanes activos en las inmediaciones, porque la historia lo pide o porque te gusta la lava, lo que tienes ahora mismo delante de ti, es una serie de decisiones que hay que afrontar.

Y todas estas decisiones están relacionadas con la historia, bien sea la de la novela o la aventura de rol, bien sea el trasfondo que necesitas para dar contexto a ambos.

Pero es que no solo eso, esas decisiones están relacionadas entre si y puede darse el caso que una influyan o directamente te dirijan a tomar otras sin casi opción en la elección.

Preguntas preliminares

Quizás, la primera pregunta que tienes que hacerte, si no lo has hecho todavía es ¿en qué género se encuadra mi historia?, porque no es lo mismo la ciencia ficción y la fantasía en ciertos aspectos.

Bien es cierto que si estás preparando una aventura para el juego más conocido del mundo sobre dungeons y dragones, estás en la alta fantasía, pero en otros casos, como por ejemplo el género de realismo fantástico o el de fantasía urbana, no deja muy claro si hay magia o alta tecnología.

Así pues, plantéatelo antes de pasar al siguiente punto.

Cuando tengas claro en qué género andas, aprovecha a escribir una lista pequeña de las características de ese género con respecto a la creación de mundos.

Ya tienes la elección echa, fantasía épica. Ahora, otra pregunta previa importante ¿dónde localizo la historia? Es decir, ¿se puede ubicar en un mundo ya existente o no hay mundo creado?. No es lo mismo pensar en una historia fandom en el mundo de la Dragonlance o una aventura en la Costa de las Espadas en Faerüm. O incluso pensar en la Constantinopla del siglo XIV.

Tampoco es lo mismo decidir que la aventura discurre en la Imrryr de Elric de Melniboné o en una aldea creada por ti entre la Comarca y Bree.

En todos estos ejemplos, hay una base ya existente, algo de donde partir y que ya presenta una serie de reglas del mundo conocidas por tí.

Pero también existe la posibilidad de crear todo desde cero, de crear la ciudad, región, continente, planeta o sistema estelar desde cero. Y en ese caso, no hay estructura ni reglas previas, todas las tienes que plantear tú.

Ante ti se abre un abanico de formas de crear un mundo.

Dos formas de crear un mundo

Yo me imagino este proceso como una cebolla.

Esta hortaliza es conocida por dos cosas, porque hace llorar y porque está formada por capas.

Es cierto que el worldbuilding puede llegar a hacerte llorar (por diversas razones), pero esa no es la cualidad en la que me fijo, sino en la estructura en capas. Una capa envuelve a otra de forma continua hasta llegar a un corazón.

Además esas capas están unidas unas a otras por una “telilla pegajosa”, que facilita que sea todo una unidad.

La creación de mundos, vista de forma global, es lo mismo. Son capas de información que se van creando y se apilan una sobre otras hasta tener un conjunto más o menos homogéneo.

Pero lo más curioso de la estructura de la cebolla es que puedes estudiarla de dos formas. Puedes observarla desde dos puntos de vista y es desde la capa exterior hasta la más interna y viceversa. Y al final, en conjunto e independientemente de cómo la hayas observado, lo que ves es una cebolla.

La forma de crear mundos, también se puede enfocar así.

De dentro a afuera

En esta perspectiva, y siempre teniendo presente que has decidido una creación completa, lo que haces es planear el escenario directo de tu historia o aventura y trabajas en exclusiva sobre el todos los aspectos de la creación de mundos (geografía, orografía, clima, política, economía, religión, cultura, razas…) concretando lo necesario para el desarrollo de la historia y dejando notas muy someras sobre aspectos de mayor rango.

Es decir, si la historia se desarrolla en una ruta comercial entre dos ciudades, concretamente en una posada de viaje, te vas a centrar en esa ruta en exclusiva y en la posada. En este primer paso no vas a mirar más allá.

Cuando ya está todo bastante definido en este núcleo, tienes dos líneas de acción: ponerte a escribir la historia pensando en rellenar los posible huecos que aparezcan, siempre ciñéndote a la ruta y posada, o pasar a otra capa y tirar de las notas para concretar más aún todos esos detalles.

En el ejemplo, podría ser pasar a definir claramente las dos ciudades, la región, los caminos principales y secundarios, las culturas y razas que viven en la región, los gobernantes, las importaciones y exportaciones de cada ciudad.

Tras terminar, se vuelve a dar la misma pregunta ¿seguir o parar? Es decir, se presenta la elección de seguir montando capas o no. Esta elección es tuya y en este caso puedes parar cuando quieras.

Yo siempre digo que cuanto más esté presente en tus notas, más se notará en la historia.

De afuera a adentro

Esta forma de crear un mundo reconozco que es la que más me gusta, pero también es la que más tiempo acarrea.

Si en la anterior comienzas justo en el núcleo, en el escenario de la historia, en este caso no. Comienzas lo más alejado del punto donde se va a desarrollar, porque ya tienes claro dónde se va a desarrollar ¿no?.

Y el punto más alejado, lo eliges tú.

Puedes considerar que el punto más alejado es una región de un continente, como los típicos mapas de los libros de fantasía del siglo pasado. O puedes pensar que el punto más alejado es un país o una región de un país.

Después de identificar la capa exterior de tu cebolla, comienzas a trabajar todos los aspectos relacionados con esa capa y a concretarlos.

Inciso, ¿cómo que concretar si estamos hablando por ejemplo de un país? Con concretar no me refiero a que en este paso conozcas todas las poblaciones de ese país, junto con todos sus nombres, me refiero a dejar claro qué tipo de país es, quienes viven, su extensión, su geografía, fuentes de riqueza, tecnología, su forma de gobierno, capital y ciudades relevantes,  organización interna, sus relaciones con los países limítrofes, si los hay (y un resumen de los mismos en cuanto a interacción con nuestro punto cero), religión y cultura predominante, así como minoritarias representativas y muchas otras cosas. Es decir, concretar información relevante sobre el país y que con posterioridad, es muy posible que se ahonde en ella.

Cuando lo tenemos, toca pasar a la siguiente capa.

Esta capa ha de ser un acercamiento, un zoom, hacia la zona donde se desarrollará la historia. Toca ser más concreto con lo que hay. Concentrarse en lo ya descrito y aplicarlo a la región, además de añadir más detalles, acordes con el nivel de zoom.

Y así, poco a poco hasta llegar al núcleo, a la zona de la historia, a la posada de la ruta de comercio.

En esta forma de trabajo, no puedes parar cuando quieras, sino que estás obligado a llegar hasta el fondo. Lo único que si puedes elegir es lo pormenorizado que eres en cada capa.

Es cierto que al principio, si eres escrupuloso, has avanzado mucha información que según profundices, solo tendrás que replicar o matizar.

Conclusión

Con estas formas de crear un mundo podrás organizarte. Podrás definir los niveles y la cantidad de información con la que dispones para el posterior paso de escritura.

Y visto esto ¿qué enfoque prefieres?

 

 


Créditos de la imagen de portada: Felix Mittermeier
Créditos de la imagen del texto: Sutterbug75

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